Thursday, March 11, 2010

El mercado municipal: tópico cultural y económico del puerto de Progreso


Antes de salir el sol, cuando las calles de Progreso se encuentran aún vacías, antes de que los trabajadores salgan de sus casas y las señoras lleven a sus niños a las primarias, existe un lugar que ya comienza a tomar vida: el mercado municipal. A las cinco de la mañana los guardias ya abrieron sus puertas de par en par para los comerciantes que comenzarán a preparar sus productos. Las cortinas de los puestos se levantan para abrir los negocios; éstas son las primeras notas que escuchamos del mercado seguido por el sonido de los extractores de las juguerías, el rechinar de las tijeras y máquinas de las carnicerías, el arrastrar de mesas y cajas de las fruterías para exponer la mercancía, el crujir de las carnes y pescados al fuego , las ruedas de los carrillos que caminan dificultosamente por el peso de la mercancía que se descargan de los camiones provenientes de Oxcutzcab o de la Casa del pueblo. A esa hora para animarse, suena la salsa a todo volumen de los carniceros que canturrean en colectivo; hasta que con la salida del sol y el abrir de los otros negocios se escuche poco a poco, una verdadera amalgama de música y sonidos: salsas, cumbias, hip-hop religioso, hasta música clásica por muy difícil de creer que sea.
Los sonidos, colores y olores son característicos del mercado. Los colores cálidos de las frutas que retoman las mestizas en los bordados a mano de sus hipiles, los olores de las frutas y las flores. En los pasillos vemos a “torero” o a “barbitas” (ayudantes del mercado) corretear con las carretillas acarreando ya sea especias para don Aquiles, frutas para don Polo o naranjas para “el chel”. En los mercaderes encontramos desde la mestiza tradicional vendiendo rosas y claveles en sus cubetas naranjas, tortillas para panuchos, chaya y tamales, hasta el comerciante de frutas el cual desde pequeño vendía mangos bajo los árboles, carniceros que son licenciados, hasta uno que otro poeta y pintorr.
Así inicia la vida dentro el mercado. La gente comienza asomarse después de misa; las mujeres van abastecerse de productos para preparar la comida, guías de turistas cruzan a comprar sus desayunos antes que lleguen los barcos, otros compran sus desayunos antes de subir al muelle o mujeres que van a comprar sus “vampiros” después de correr en el malecón. Por tanto, vemos que la vida en el mercado comienza y termina prácticamente temprano, a las dos de la tarde son pocos los negocios abiertos que podríamos encontrar.

A continuación intentaremos realizar un panorama de la vida del mercado como un espacio donde se revelan los acontecimientos sociales, culturales y económicos del puerto de Progreso. Es decir, el mercado municipal como tópico del puerto. Para eso vale la pena aclarar que el mercado no siempre es igual sino que está conformado por temporadas, es decir, podríamos hablar de un mercado que en realidad son muchos mercados según la época, muy diversos unos de otros como lo es efectivamente el puerto en general durante esos días.
Pues bien, la economía en el puerto depende básicamente de la pesca y en menor medida del turismo y la burocracia. Los lugares turísticos son el malecón, el mercado y desde hace un par de años “El corchito”; reserva ecológica dentro de los manglares, fundado por el chuculeño Don José Martínez.
Podríamos decir que el puerto mantiene su propia economía. Son pocas las familias que dependen económicamente de Mérida u otros lugares. Al ser la pesca la actividad económica que mueve Progreso, sus altas y bajas afectan directa o indirectamente a todos los negocios del puerto. Pues bien, uniendo esto a lo mencionado anteriormente de que Progreso toma un carácter diferente según su época, tenemos dos referentes principales que definen su actividad económica: Las temporadas buenas de los pescadores, y los periodos vacacionales. Es decir, es posible ir un lunes de septiembre y encontrar un mercado casi fantasma, e ir un lunes en semana santa y no encontrar un sólo lugar donde comer. La trasformación del puerto y por tanto, del mercado es de forma drástica. Los propietarios de los negocios se ven en la necesidad de contratar el doble de los empleados habitualmente necesarios, y aun así, es insuficiente atender las grandes aglomeraciones de gente en las vacaciones.
Cuando los pescadores llegan de viaje, de igual modo la economía del mercado se ve trasformada dramáticamente. El mercado es como el termómetro de la economía, éste percibe las buenas o malas temporadas. Por ejemplo, el mercado siente las bajas económicas después de navidad, carnaval, o de Xmacuiltl.
Hemos decidido trabajar el mercado porque este espacio reúne y refleja de igual modo, no sólo la situación económica sino los imaginarios que constituyen dicha situación. Es decir, que imaginario y economía no puede verse como aspectos paralelos sino, por el contrario, éstos son complementarios.
Las temporadas de Progreso
Podemos encontrar en Progreso dos tipos de pescadores, los ribereños que son los que parten y regresan el mismo día, propietarios de sus pequeños barcos. Y los que se van de viaje (como ellos le llaman), estos últimos pueden pasar hasta quince o veinte días en el mar. La economía cambia especialmente a la llegada de los pescadores que se van de viaje.
Cuando los pescadores bajan se dirigen a las cantinas donde les pagan y gastan gran parte (o a veces todo) del dinero ganado por la pesca durante el viaje. El dinero les dura poco, pero mientras éste se gasta los pescadores no tienen miramientos, se dan la gran vida: Les dan dinero a sus mujeres, se lucen con largas y gruesas cadenas de oro, van a desayunar al mercado con sus familias comprándoles a sus hijos lo que ellos quieran sin siquiera preguntar por el precio, en esos dias el “gallo pelón” recibe suntuosas propinas después de cantar.
Es decir que la cosmovisión de los pescadores es vivir el instante, lo que se vive es el presente sin importarles el mañana. Lo cual es muy comprensible si imaginamos pasar veinte días en el mar, bajo el sol, sin un sólo árbol bajo el cual resguardarse, en medio de la inmensidad del mar, sin nada que garantice el retorno a tierra; Cada arribo es como un regreso prometeico que celebran dionisiacamente. ¿Para qué guardar dinero si no se sabe si se va a regresar del mar? Mejor celebran la vida el tiempo que éste les dure. En esos días invitan las cervezas hasta sus enemigos y llevan a sus esposas a Electra o Aurrera para sacarles a plazos sus lavadoras, televisiones, estéreos de gran resonancia, que pierden un par de meses después cuando no pueden esconderse más de los cobratarios por no tener dinero para pagarles. Sin embargo, eso no les importa, cuando los sollozos de las mujeres dicen “no llores vieja, cuando regrese de viaje te voy a comprar un estéreo más chingón”( quise reproducir tal cual el lenguaje) y efectivamente lo hacen así, aunque de nueva cuenta les duren también unos cuantos meses.
Por eso la economía en progreso es básicamente muy buena a la llegada de los pescadores, y muy mala el resto, la economía se recupera hasta que los pescadores regresen de otro viaje para repetir el ritual. Es decir, es por eso que el mercado y las cantinas se encuentran repletos de gente durante la llegada de los pescadores, y los puestos de empeños después.
Por cada manzana podemos encontrar hasta dos cantinas por esquina, lo cual nos habla de la popularidad de éstas, así como de un claro problema de alcoholismo. Las cantinas son espacios de liberación, celebración, y las hacen a veces hasta de oficinas. Después de la misa dominical, las familias se dirigen al mercado a desayunar y comprar flores, que a la vez sirve de paseo. O por el contrario asisten a la misa de las ocho de la noche y al finalizar ésta, cruzan al parque principal donde cenan y juegan los niños.
No obstante un lugar de diversión para mi no existe en Progreso, más que las cantinas donde por las tardes los señores se reúnen a tomar “una” como la gente. Por ejemplo, no hay cines en Progreso y no por qué nunca a nadie se le haya ocurrido poner uno, sino porque la gente no está acostumbrada a ir. Y los que quieren ir al cine prefieren ir Mérida que no está muy lejos y es un mundo completamente diferente al de ellos. Es decir, se prefiere ir al cine de La Gran plaza, ya que rompen la cotidianidad, sirve de paseo, y ven caras nuevas aunque les cueste tres veces más caro, y coman huevo dos semanas seguidas.
Por otro lado tenemos las temporadas vacacionales de julio y agosto y semana santa. Como ya mencioné anteriormente, Progreso cambia dramáticamente durante esta época. Mérida prácticamente evacua por algunos días a Progreso; son las únicas épocas del año donde se escucha los silbatos de los policías y los cláxones de los carros por el atasco del tráfico. Algunos restaurantes, bares y discotecas se abren únicamente para dichas fechas.
Llegan a Progreso desde los meridanos adinerados que tienen casas a las orillas de las playas, hasta el meridano popular que va y regresa el mismo día. El sábado por la noche, los jóvenes de clases medias y altas van a “cielo” (como muchas otras discotecas meridanas que durante las vacaciones tienen sus sucursales a las afueras de Xubxulub), mientras que los de clases más bajas van a Scandor en el malecón. Los chicos y chicas que tienen sus casas o departamentos en el mar entre Progreso y Xubxulub van a las ferias de Xubxulub, mientras que la gente popular va a la feria grande del malecón.
No obstante, a las seis de la mañana del día siguiente, encontramos tanto a los chicos de clases acomodadas como a los populares, que al salir de las discos llegan al mercado a desayunar. Más tarde grandes familias caminan por el mercado, con gorras y mochilas, éstos pueden compartir la mesa con una familia de un estrato económico visiblemente más alto. Es decir, el mercado es un espacio donde conviven todas las clases, ya que las clases altas durante estas épocas es precisamente lo que buscan: lo popular en un ambiente más familiar. Económicamente esto significa un gran cambio, una familia completa atiende dentro del mercado el negocio familiar; pero es imposible atender a tanta gente, y no confundirse ante los pedidos de dos o tres familias que entre empujones y griteríos hacen sus pedidos.
Durante las vacaciones es más notorio ver más gente no únicamente meridana sino de todas partes de México y el mundo. Gente del DF, Toluca, Tamaulipas o el extranjero visitan las playas yucatecas. También es durante las vacaciones que viene de visita los progreseños que viven en los Estados Unidos, regresando a dicho país al terminar la temporada. Sin embargo, tenemos que reconocer que Progreso es un puerto cosmopolita donde no es precisamente necesario estar en vacaciones para encontrar a gente de todas partes del mundo. Tres veces por semana encontramos a turistas de cualquier parte del planeta caminando por el malecón y el mercado. A nivel nacional otro aspecto que contribuye a que Progreso sea un puerto conformado por gente de todas partes de México, son las bases instaladas de la Armada. La Armada está conformada por gente principalmente tabasqueña, norteña y veracruzana. Por ejemplo hay colonias, como Flamboyanes donde hay una mezcla de culturas, formar de hablar y pensar diferente de los yucatecos. Precisamente la diversidad cultural y la poca tolerancia ocasionan ciertas peleas entre éstos.
Sin embargo, los asentamientos de la Armada tienen una repercusión económica, ya que las esposas de los boludos van a comprar al mercado; la Armada misma se surte mediante el mercado. Por lo que hay fruterías que prácticamente su entrada principal no radica en la venta de productos a las personas que compran por kilos, sino en la armada que consumen cajas.
Me gustaría reflexionar sobre tres aspectos que están modificando la cultura popular que desde mi perspectiva tienden a desaparecer el mercado. El primer aspecto es que los jóvenes han perdido la costumbre de ir al mercado, es decir, lo tradicional se está perdiendo. Muchos en lugar de acompañar a la familia tradicional que va a comer al mercado (hablo en épocas no vacacionales) prefieren ir al Café la Habana o algún restaurante en Mérida.
El segundo factor se encuentra íntimamente relacionado con el anterior, que es la llegada de comercios como San Francisco y Aurrera. Las empresas grandes se están comiendo a las pequeñas y medianas empresas. Si bien es verdad que en dichos almacenes se encuentra de “todo”, desde mi perspectiva su éxito no es precisamente por ello, sino que tiene más que ver con la novedad y los nuevos imaginarios de los Progreseños. Con la idea que tienen las clases media bajas que piensan que comprar en grandes almacenes como Aurrera implica tener cierta clase social, aunque los productos sean de menor calidad y más caros. Lo cual atenta contra el mercado cuya supervivencia depende directamente de la gente popular que antes consumían en el mercado y ahora consumen en un Súper.
El tercer punto que me parece uno de los más importantes es la llegada de canadienses de la tercera edad, jubilados que compran sus casas en Progreso. Pues bien, sin pretender sonar xenofóbica, éstos han creado colonias donde únicamente hay canadienses, lo cual no sería un problema económico si consumieran lo popular. Pero por el contrario suelen ir al Súper a comprar abastecimiento para un mes, comprando en el mercado únicamente flores regateadas y tomando fotos para sus familiares. Esto significó un descenso económico para el mercado, ya que las casas donde ellos radican, antes vivían ya sea la gente tradicional que vivía en sus casas de puerto y consumían en el mercado; o gente que habitaba esas casas durante las temporadas de vacaciones, pero que dejaban económicamente aunque sea por un par de semanas un gran aporte económico.
Los canadienses tienen sectores casi privatizados con sus propios restaurantes canadienses donde los mexicanos no son tan welcome. Por tanto, la residencia de los extranjeros que continúan su vida canadiense en Yucatán sí significa un deterioro económico, por lo menos para las pequeñas empresas. Cada año son más extranjeros, en cuestión de cinco años han aumentado en número considerablemente, por lo que sería bueno reflexionar que dentro de un par de años seguramente el numero de canadienses residentes en Progreso serán multiplicados, y como afectan económica y culturalmente la implementación de éstos en la vida Progreso.
Observamos entonces que todos los cambios que se están dando en Progreso, se pueden observar en el mercado. Me interesa especialmente la valoración de éste porque el mercado es un espacio que por moderno que sea, siempre conserva lo tradicional. El lenguaje altisonante, las cumbias a todo volumen, la gente que circula por los pasillos, pescadores, meridanos, mujeres y niños son el resumen de la sociedad. El mercado lucha día a día contra las grandes empresas con las cuales es prácticamente imposible competir. Es importante esto ya que con la pérdida del mercado, no perdemos un simple lugar donde encontrar productos que consumimos durante nuestra vida diaria, sino perderíamos un catalogo de nuestra cultura que en San Francisco, Aurrera, Café Habana o cual quiero otro negocio parecido, sería difícil de recuperar.

Thursday, February 11, 2010

La Muralla

Estoy parado sobre la muralla que divide todo lo que fue de lo que será,
Estoy parado viendo como aquellas viejas ilusiones pasando la muralla se hace realidad...
La Muralla Verde, Los Enanitos Verdes


Para el turista siempre campechanos.
Eslogan del Gobierno del Estado de Campeche






Tras un corto viaje de dos horas que partió de Mérida, la de Yucatán, con destino a Campeche, la ciudad-isla, necesariamente recorro el malecón de la ciudad en la Van que me llevará al hostal, de precio módico pero ubicación magistral, en donde pasare la noche a un costado de la Plaza Central y la Catedral.
Propiamente al entrar en la ciudad un delicado y cuidadoso paisaje me acompaña por ambos lados. De un lado, un dinámico juego de andadores, paradores turísticos, palmeras y bancas con estilo sesenteros me ofrecen una mirada panoramica del Golfo de México, del otro lado, una ciudad particularmente colorida, casi completamente restaurada y férreamente construida sobre su orgullo colonial se abre al pasar por "La puerta del Mar", la entrada principal de la que fue la ciudad amurallada.

No niego que hasta ahora todo vasta para llenarse los ojos como turista: imponentes edificios iluminados en colores cuidadosamente alternados y un mar que, aunque contaminado por la cercanía de la petrolera, también fue declarado Patriminio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1999.
Todos estos aspectos te deslumbran llevándote al lado exótico. Mirar los restos de lo que fue la Muralla es minarse de ese orgullo que emanan los campechanos por haber sobrevivido a la piratería.
No importa que mi niñez como yucateca compartiera rasgos similares con este espacio, me siento ajena, distante, me siento turista escondida tras una camara fotográfica con pretensiones sociales. No soy Campechana, eso ha quedado muy bien delimitado; no pertenezco a la Ciudad-Isla que formo la Muralla. He llegado por mar no importa que haya recorrido 174 km de carretera. He cruzada la frontera de sus muros. La he atravesado hasta salir por "La Puerta de Tierra" a otro espacio a donde llego a casa, al Barrio de Santa Ana, al igual que en Mérida, y al Mercado Público Pedro Sainz de Barranda.
La ciudad colonial amurallada no solo creó un espacio de resguardo contra inminentes piratas, también encerró a la gente limitando los puntos de contacto humano a relaciones militares y/o comerciales que establecieron oligarquías y resguardaron la riqueza de fugas innecesarias.
Una pugan identitaria reflejada en chistes denigrantes en un humor negro picante entre Campeche y Yucatán establecen la superioridad de unos con respecto a los otros, representando a los campechanos no precisamente como estúpidos pero sí como personajes no muy diestros en las artes de la lógica.

¿Cúantos campechanos se necesitan para cambiar un foco? 20, uno lo sostiene y 19 le dan vuelta a la casa.
Dominio Popular Yucateco.

Como solía ocurrir en la estructura urbana colonial los españoles edificaron suntuosas estructuras arquitectónicas alrededor de la Plaza Central a la que se le sumo el actual Barrio de San Roman, este fue el espacio insular que quedo contenido y protegido por la muralla. Desarrollado en circulos concentricos alrededor de los españoles, los indigenas se acentaron quedando fuera de la muralla al igual que los negros en los actuales Barrios de San Francisco y de Guadalupe, del otro lado la población negra se acento en los actuales Barrios de Santa Ana y Santa Lucía.
En Campeche la gente, con ansias de preservar ese "no pasa nada" y la sensación de salvedad que proporciona la muralla, desarrolló estrategias sociales que la desvinculaba por completo del resto de los habitantes de la Península de Yucatán. Aquí no importa el pasado indígena o negro en común ese quedo fuera del muro, ese anda en el mercado y sobrevive en el Barrio con depensas regaladas por partidos políticos con tendecias populistas.
Al igual que en Campeche; un sistema de Ciudades-puerto amuralladas se proyectó y construyó desde Florida hasta Colombia para responder a la amenaza pirata. Yo entiendo este espacio de Ciudades-Islas como un Caribe Fortificado, es decir, como una nueva geografía de islas que no necesariamente flotan en el Archipiélago de las Antillas pero que si guardan una discreta relación con tierra firme. El orgullo campechano sobre las redes de asociación interciudadanas que contuvieron las riquezas históricas, arquitectónicas y monetarias en un pequeño espacio amurallado, esta dinamica convirtió a sus antiguos vecinos pre-coloniales en otredades coloniales que, al igual que los piratas, llegan todos los dias por mar.



Saturday, February 6, 2010

No Claxon

Aparentemente en Campeche todas las personas son Campechanos, pero en realidad el hombre con pelo rubio y una camera es un extranjero. Campeche es “El Lugar del Sol Sonido”, es el lugar del Sol antes de 19:00 y es un Espectáculo de Luz y Sonido todos los noches a las 21:00 por $25.00, simplemente, no claxon, esto es la única regla.

La ciudad está llena con los edificios muy antiguos y los monumentos a las personas quien han vivido 400 años pasado. Ellos no tienen monumentos que similar de estos en Mérida con los Montejos y los conquistadores arriba de los Maya, pero San Francisco de Campeche tiene monumentos de los Monjes franciscanos quien salvó las almas de los nativos.


Simplemente ten cuidado cuando tú estás en las calles cerca del mar, porque si tú no ten cuidado, tú puedes tener una conversación con los pescadores quien saben tú no eres un Campechano. Ellos pueden hablar sobre de las cosas de los turistas, dónde está la playa, dónde están las mujeres, dónde están los discotecas, y dónde está los indios con los tocados son. Si tú piensas tú eres un Campechano, los pescadores simplemente pueden dicen dónde está el bar para las cervezas. Una cosa tú no necesitas tener cuidado con es la puesta del sol, es un ver que es maravilloso.


Mi experiencia en Campeche fue una buena experiencia. Yo estaba con mis amigos y buenas personas quien me enseñaron cosas de la ciudad que yo no me habría descubierto solo, pero cuando yo estoy cerca de la mar yo no puedo tener un mal tiempo

Thursday, February 4, 2010

Campeche: Una ventana al pasado

Conceptualizar el Caribe de manera geográfica no es tarea fácil. Pero es aún más difícil intentar clasificarlo a partir de su gente. No obstante, gracias a una serie de redes publicitarias, se ha identificado el Caribe con la música “pegajosa”, las temperaturas cálidas y el mar. A pesar de esto, el contexto histórico y definitivamente contemporáneo de ciertas clases, está muy lejos de la imagen paradisíaca de las agencias de viaje.

En los países caribeños podemos encontrar problemáticas que enmarcan un contexto político y económico a partir de posturas raciales muy claramente delineadas. Dichas problemáticas las podemos tomar como tópicos repetidos por todo el Caribe. Para intentar ejemplificarlo tomaremos el estado de Campeche, situado en la península yucateca, al suroeste de Yucatán.

Campeche es un estado rodeado de “belleza colonial” el atractivo turístico de hoy en día, no fue más que centros comerciales y viviendas de gente adinerada, mayormente extranjera. Por ejemplo, toda la zona de zapaterías y comercios, que se encuentran enfrente de la plaza principal, en los años 50’s formaba parte de de uno de los más grandes comercio de Campeche llamado “El puerto de Cantón” , lo más parecido a los centros comerciales que conocemos hoy día, que más bien era un gran almacén de todo tipo de productos.

“El puerto de Cantón” era de José Ham, mejor conocido como “el chino Ham”, “la tienda del chino”, como le llamaban la gente del pueblo, vendía las mejores telas del estado. Las épocas de mayor venta era cuando en los pueblos y comisarías circunvecinas celebraban al santo del pueblo. Telas, voladores, sombreros y zapatos , eran consumidos por el pueblo para la gran fiesta., ya que para estas regiones caribeñas los patrones son muy importantes, sin embargo, los campechanos también aprovechaban su visita para comprar sogas de henequén, cubos, balas (para la cacería), machetes y uno que otros trompos y tira hules para los niños.


A las cinco de las mañana, “la tienda del chino” abría sus puertas de par en par, para los pescadores que se abastecían de barras, cocotasos, mantequilla de carreta y chocolate hecho a mano para el desayuno, antes de salir al mar en sus barquitos con velas de viento, en busca de camarón y jaiba ( muy dado en esa zona).

Podemos encontrar estas historias que nos hablan de la hibridez racial en Campeche como la podríamos encontrar en cualquiera otra sociedad caribeña. Es impresionante como la esencia comercial y cultural puede cambiar dramáticamente en 20 años, y aun con los cambios visibles, en la esencia del pueblo se conservan algunas bases estructuralistas de carácter colonial. Hoy día, en contradicción con el pasado, la pesca del camarón, y la jaiba azul es muy escasa, por lo que, muchos pescadores han abandonado la peca ribereña para buscar nuevas alternativas de trabajo en la ciudad. Es por eso que, caminando por la plaza principal camino a la iglesia, encontramos a los desempleados sentados en el parque desde las seis de la mañana en espera de una entrevista con el gobernador, y a Ena Maria ( la nuera del chino) paseándose por la plaza principal, a los ochenta años para alimentar a las palomas, imaginando “ El puerto de Cantón” con sus hijos jugando en la tienda, y su suegro sentado en el balcón del segundo piso, vista a la plaza principal, con un puro en mano…

Geografías del Imaginario Caribeño

Un anciano ciego recrea un valenato con una armónica y un pequeño tambor que marca el compás de la melodía. La música se camufla entre el sonido seco de las fichas de una partida de dominó y la conversación casi a gritos de un par de hombres, de extemo a extremo, en una de las mesas contiguas a la mía en la taberna. La memoria posee sus propios mecanismos, está aún por desvelarse el porqué muchos de nuestos recuerdos, en ocasiones nos asaltan intempestivamente. En la música de aquel hombre, casi caprichosamente se desvelaba un nuevo matiz. Concretamente en la instrumentación, ya que recordé que era la misma que se fraguó tiempo atrás en el Delta del Mississippi, salvo que el instrumento de viento en esta última es una rústica flauta de madera. Se dice que esta música sureña es la semilla de blues y que el hecho de que el blues en sus inicios careciese de percusión, se debe primordialmente al vestigio de una prohibición de los amos blancos en la plantación usoniana. Se trata de la proscripción que operaba sobre los esclavos en el uso del tambor. Aún así, esta música pervivió en el ambiente más íntimo y aún hoy por hoy se pueden encontrar algunos intérpretes. Tanto el blues como el vallenato, al igual que la música de tambor del sur estadounidense poseen un marcado acento africano, de esto no cabe duda alguna, pero ¿qué tipo de movimientos en el tiempo y la geografía hacen que un anciano de rasgos amerindios incorpore en su repertorio la estructura instrumental del blues más primitivo para revivir la música vallenata?

Lejos de indagar en la complejidad de factores económicos, políticos, sociales y culturales que comparte esta ciudad mexicana con otras ciudades del Caribe, hallé una cuestión de fondo: ¿Dónde empieza y dónde termina este territorio que conocemos como Caribe y que hace que una ciudad o nación sea caribeña?


La estética caribeña es una complejísima red de relaciones que indaga en las estructuras más profundas de la cultura que las origina. En el Caribe el arte, la lengua y la música viajan de un extremo a otro del Atlántico y dibujan un constante movimiento que tampoco se detiene en esta zona. Algunas manifestaciones partieron de Senegal, otras de Sevilla, Cadiz, Liverpool o Amsterdam para confluir en estas tierras, tomar forma y posteriormente seguir su periplo hacia otras latitudes. Por su naturaleza nómada y mudable, que es la misma del hombre caribeño, su arte y folclor se afianzan como realidades que le pertenecen, ya que no son suceptibles de manipulación por parte de una élite económica o racial, en aras de perpetuar un sistema que arraigue sus privilegios. Su flujo y constantes transformaciones lo impiden. A pesar de que el arte nos ha mostrado la versatilida del hombre y la geografía del Caribe, un habitante de Kingston o Cartagena de Indias no puede moverse libremente por este territorio, lo cual deja muchas custiones sin resolver.

Ante la nueva situación sociopolítica que atraviesan América Latina y el resto del mundo, es preciso dejar de pensar el Caribe como se ha venido haciendo. Esto es, en términos raciales, lingüísticos y nacionales que vinen a respaldar una cartografía más imaginaria que real. Si algo ha mostrado el arte a lo largo del devenir de la humanidad, es su capacidad de indagar allí donde muchos no son capaces de aproximarse y ni si quiera de vislumbrar una tenue figura. Llegará el día en que no resulte relevante preguntarse si Campeche es o no parte del Caribe. Estas cuestiones no resolverán los problemas reales que atraviesan ésta ni ninguna de las zonas bañadas por el Atlántico. En consecuencia, es apremiante replantear conceptos como Estado y Nación en el área caribeña, dando al ciudadano la posibilidad de que al igual que el arte pueda viajar libremente a lo largo y ancho de esta geografía. Que el ser colombiano, venezolano o cubano no sea nunca más un impedimento para empaparse de la cultura de Puerto Rico o del Delta del Mississippi, de Gabón, el Congo o del neuyorquino Harlem. Para hacer de lo que en principio es una intuición una realidad, hay que partir del hecho de que los límites cartográficos del Caribe llegan hasta las fronteras mismas del imaginario caribeño. Las fronteras del Caribe van mucho más allá de cualquier acotación exclusiva o categorizante y como resultado, deben englobar todas y cada una de las zonas que han dado vida a la estética y el imaginario caribeños.

De contrabando en Campeche...


Como en una “Guagua Aérea” que viaja de un puerto a otro, desplazándose entre las fronteras de submundos imaginarios, negociando con identidades y contrabandeando esperanzas, íbamos rayando la al cual nos dirigíamos, petróleo que regresaba al país natal, petróleo negro olvidado, vendido, pirateado, contrabandeado por las rutas del orgullo nacional, la gran mayoría de las plataformas petroleras de la hypermacroultranacionalísima PEMEX se encuentran en el litoral campechano. Llegar a este mundo bañado por el Golfo de México y por el Canal de Yucatán, es sumergirse en un lugar privilegiado por la historia, la cual se ha venido reconstruyendo y desplazado al ritmo de los presupuestos, y lo que al final la ha llevado a convertirse en Patrimonio Nacional y Patrimonio Simbólico Universal. Estos presupuestos que abrazan al turista al son de “Para los turistas siempre campechanos” son el primer contacto diferencial con otras ciudades de esta casi ínsula caribeña de México. Pensar al Caribe mexicano es pensar en un imaginario heterogéneo y diverso en el cual se puede mapear al territorio más que nada por sus sistemas de relaciones. Campeche se alza orgulloso de su historia colonial la cual es el nexo fundacional con la historia y geografía caribeña. Dentro del Baluarte de San Carlos se presume una lámina que titulándose “Historia de las ciudades amuralladas del Caribe” despliega un mapa que abarca desde lo que hoy conocemos como Puerto Rico, hasta el puerto de Veracruz, viendo a la Península de Yucatán como una casi isla, la cual solo presenta nexos con la gran masa continental con un diminuto puente terrestre al sur de Campeche.


En esta ciudad amurallada, o casi amurallada, o desamurallada, que solo conserva los baluartes y las puertas de mar y tierra se puede percibir la fuerza política del binomio PRI/PAN (Partidos políticos de mayor influencia en el país). Estas dos fuerzas políticas han establecido un plan de “desarrollo” en dos vías principales: el petróleo y el turismo; las cuales ayudadas por la influencia política monumental de la Iglesia Católica mueven no solo el futuro de este país, sino también el pasado. Estas estrategias se perciben desde que uno entra a Campeche, con o sin una Van Blanca. La infraestructura local se ve notablemente favorecida en las áreas en las que residen los poderes socio/económicos principales. La entrada a la ciudad por el Malecón bellamente adornado y monumentalizado, siguiendo hasta encontrarse de frente con la Puerta de Mar en la que la simbología patria se encuentra resaltada por el reloj del Bi/Centenario, entrar a la ciudad “amurallada” y encontrar los edificios coloniales decorados con bellos colores, recorrer las calles empedradas, ver la catedral y el parque central, los baluartes que se alzan imponentes en los que residen museos y colecciones en los que se guarda la HISTORIA, la intocable, la “auténtica”.


De este viaje la historia misma se ha visto amurallada, encerrada en un convenio celebrado en el "hipermoderno" palacio legislativo envestido de luces psicodélicas y en el centro de convenciones forrado de cristales y plafones. El saqueo realizado por estos bucaneros modernos, se puede comparar a los del Pirata Morgan o Lorenzo. En Campeche y en otros lugares de este Caribe, nuestro Caribe, la piratería sigue viva y se sigue representando en el contrabando negligente de potencias políticas que trafican con ella, la historia se trafica como el petróleo, objetos simbólicos que nos han hecho pensar que dentro de estas murallas todo estuvo, está y estará bien… ¿O no?



*Foto 1 (Mapa turístico de Campeche) de: http://www.campeche.com
Foto 2 (Vista aérea del Malecón de Campeche) de: http://www.paginasprodigy.com.mx/fuertecampeche/Campeche%20Puerto.jpg
Foto 3 (Incendio de plataforma) de: Anónimo

ESTAMPAS POPULARES DE UNA CIUDAD AMURALLADA





Aún cuando guarde una semejanza a la ciudad de Mérida, en este viaje por Campeche se fue disipando poco a poco esta concepción con respecto a esta zona. Ya de entrada tenemos a una ciudad que está situada de frente al mar, con un malecón que recorre casi en su totalidad la playa de Campeche, desde la entrada hasta llegar al centro histórico que, aunque oculto por la “modernidad”, puede apreciarse con toda la historia que le precede.

El hecho de que esta ciudad esté situada en una zona costera la convierte en un punto profundamente atractivo para visitar. A pesar de poseer una arquitectura colonial bastante atractiva, los habitantes de Campeche poseen también un ritmo de vida que se caracteriza por conservar tradiciones que van de generación en generación. Pongo de ejemplo al zócalo de la ciudad –que fue visitado la noche del sábado- en el cual es común observar a numerosas familias, saboreando algún platillo en alguno de los puestos de comida, disfrutando música de trova, y lo que particularmente llamó mi atención fue la tradicional lotería, fue interesante ver la cantidad de personas reunidas en extensas mesas en las que las personas se sientan a jugar, en donde además de disfrutar de un entretenimiento familiar, podemos ver el ingenio de la tradición oral, ya que al cantar las fichas se recurre a un determinado verso para anunciar la imagen y el número. Todo en un ambiente festivo y fraternal, puede apreciarse el carácter humano de los campechanos.


En el mercado municipal –otro de los sitios visitados- se observó la asistencia de la gente ya sea para comprar o para desayunar en algunas de las loncherías. Observé que en estos lugares los vendedores no sólo laboran personas oriundas del estado, sino que en muchos establecimientos se ofrecen productos y alimentos de otros estados de México. Entonces vemos puestos de comida del centro y norte del país. Existe una convivencia de costumbres y tradiciones de otros estados, que vienen a integrarse con las costumbres típicas de Campeche. De este modo se van dando cambios en sus alimentos, juegos e incluso en la economía local, ya que muchos comerciantes llegaron a Campeche para establecerse debido a su posición como ciudad turística.

De este modo se percibe el verdadero Campeche, en su esencia, en su gente: no sólo los habitantes de la ciudad, sino también aquellos que establecen su residencia en la zona, o los mismos turistas que visitan Campeche y que son recibidos con calidez, gustosos de tener entre los suyos a gente de otros lugares, enriqueciendo de este modo el elemento poblacional.

Un viaje bastante agradable en el que pude observar que ante aquella mezcla de elementos culturales como cocina, algo de música, fiesta pueden ser considerados dentro de un elemento común la cercanía geográfica (y se podría decir que cultural) con otras zonas del espacio Caribe, en mutuo contacto.

The Caribbean Movil: run run a Campeche







Éramos ocho individuos, todos diferentes, subiéndonos a una Split para ir en busca de lo que cada quien pensaba como Caribe, sin darnos cuenta que ahí mismo, en ese espacio en el que nos envolvía el auto, éramos un pequeño Caribe en movimiento...




...nuestra búsqueda caribeña estaba en la ciudad de Campeche, una ciudad amurallada que mucho tiempo fue objeto de ataques piratas...


...creía que me encontraría con una ciudad como la mía, cuyo mar estaría a una hora aproximadamente...grande fue mi sorpresa al ver el malecón conteniendo el agua y el hotel a tres o cuatro calles...Grandes y modernos edificios contrastan con los restos de muralla, y los autos se apoderan de las estrechas calles que no fueron diseñadas para ellos...


...Después de visitar los fuertes en la ciudad, nos volvimos a subir al pequeño Caribbean móvil para dirigirnos a Lerma, localidad pesquera a unos kilómetros de la capital... ahí observamos una playa sin arena, cuya agua verde golpeaba las rocas junto a un restaurante de mariscos. No, definitivamente no, Lerma no es la playa exótica que se espera que sean las playas caribeñas; no tiene arena, ni palmeras...Josh fue abordado por gente de la localidad, uno bastante ebrio le hablaba como si nuestro compañero no pudiera entender español, fue suficiente su aspecto para emitir tal juicio. "Yo soy indio, bienvenido" le decía en voz alta...


..."Ya cayó, esta palomita ya cayó" se escuchaba la música en el pequeño restaurante de mariscos... ¿eso era el Caribe: el mar, la cerveza y el ceviche?...anotaba en el diario de campo un conflictivo "no lo sé"...

...vimos la puesta de sol y aplaudimos, tal cual como el maestro nos dijo que se hacía en otro lugar del Caribe. Y aplaudimos felices porque queríamos ser Caribe, porque de alguna forma lo somos y podemos romper las reglas, pararnos y aplaudir fuerte, dignos y orgullosos...